lunes, 24 de octubre de 2011

Técnicas de enseñanza para mejorar la motivación de los estudiantes


La mayor parte de los alumnos tienen años de experiencia en clases en las que se les ha obligado a estar sentados, callados, escuchando. Para ellos el profesor era la fuente del conocimiento, de manera que el aprendizaje era algo que se inyectaba mágicamente en algún momento sin la participación de su conciencia.
La realidad indica que lo importante no es la enseñanza, sino lo que los alumnos aprenden. La calidad del aprendizaje está relacionada directamente, aunque no de manera exclusiva, con la calidad de la enseñanza. Una de las mejores maneras de mejorar el aprendizaje es mejorar la enseñanza.
El aprendizaje real en la clase depende de la habilidad del profesor para mantener y mejorar la motivación que traían los estudiantes al comienzo del curso (Ericksen, 1978). Sea cual sea el nivel de motivación que traen los estudiantes, será cambiado, a mejor o a peor, por lo que ocurra en el aula. Pero no hay una fórmula mágica para motivarles. Muchos factores afectan a la motivación de un estudiante dado para el trabajo y el aprendizaje (Bligh, 1971; Sass, 1989), como por ejemplo el interés en la materia, la percepción de su utilidad, la paciencia del alumno… Y no todos los estudiantes vienen motivados de igual manera. Y lo que sí está claro es que los estudiantes motivados son más receptivos y aprenden más.

ESTRATEGIAS DE MOTIVACIÓN.

 1. Empezar conociendo a los estudiantes y a su situación inicial.
2. Que se note el entusiasmo con tu asignatura.
Si estás apático o aburrido, los estudiantes también lo estarán. Dicho entusiasmo viene muchas veces del gusto por la materia o por el genuino placer de enseñar. Se nota cuándo a un profesor le gusta enseñar.
3. Intentar individualizar la enseñanza en la medida de lo posible. Dedicar tiempo a cada estudiante.
Todos los estudiantes quieren satisfacer sus necesidades, y hay que recordar que cada alumno y cada clase son diferentes. Quieren profesores que sean reales, que les reconozcan como seres humanos, que les chequeen regularmente, que apoyen su aprendizaje, que les informen individualmente de su progreso.
4. Tratar a los estudiantes con respeto y confianza.
Los comentarios a los estudiantes pueden hacerse, pero nunca de forma peyorativa. Nunca ridiculizar a un estudiante en público. En ese caso, el alumno, en vez de orientar su energía al aprendizaje, la dedicará a sus sentimientos. Mejor decir las cosas en privado. Si el alumno hace una cosa bien, felicitarle; le dará confianza (en la materia y en el profesor). Démosle al estudiante su dignidad y él nos recompensará con su esfuerzo.
Si detectamos una debilidad en el estudiante, dejarle claro que tus comentarios se refieren a un trabajo determinado, pero no al estudiante como persona. Apoyarle al alumno, en vez de juzgarle.
5. Mantener altas expectativas de los estudiantes.
Si a un alumno le dices que no va a aprobar, se desmotivará. Si les animas diciendo que pueden hacerlo y se le comenta qué herramientas debe utilizar (tiempo de estudio, realización de problemas, trabajos...) sentirá que el profesor tiene confianza en él.
Animarles no sólo a aprobar, sino a aprender.
6. Señalar la importancia de la asignatura.
Explicar en detalle por qué la materia es importante. Señalar ejemplos de su utilidad en su vida profesional. Realizar problemas prácticos de aplicación. Todo esto desde el primer día hasta el último, pero siendo realista, analizándolo en el contexto de la titulación.
7. Variar los métodos de enseñanza. 
 Que cada clase sea una aventura nueva. El estudiante aprende haciendo, construyendo, diseñando, creando, resolviendo, el aprendizaje mejora si se obliga al alumno a utilizar varios sentidos. La manera en que un estudiante aprende no depende sólo de su inteligencia o de su educación anterior, sino de su estilo preferido de aprendizaje. 
- Herramientas que se pueden utilizar:
- Clase magistral
- Panel de expertos.
- Brainstorming (lluvia de ideas).
- Videos.
- Discusión en clase.
- Análisis de casos.
- Ejercicios-problemas de análisis.
8. Fomentar la participación activa de los estudiantes. Hacer preguntas.
Ello aumenta su interés y aprendizaje. Moverse alrededor de la clase para fomentar la discusión. Cuando un estudiante hace una pregunta, alejarse de él; así tiene que hablar a toda la clase y toma protagonismo. Incluso en grupo grande se pueden realizar preguntas.
9. Responder claramente a sus preguntas.
Qué se puede hacer cuando un alumno realiza una pregunta? Posibilidades: repetir la pregunta, contestarla, redirigirla, promover una discusión entre los estudiantes.
10. Enfatizar de una manera contínua los conceptos fundamentales.
Repetir esos conceptos a lo largo del curso e incluirlos siempre en los exámenes. Avisar de la dificultad de ciertos conceptos para captar la atención de los estudiantes, ya que su nivel de atención varía a lo largo de la clase
11. Señalar qué contenidos deben ser aprendidos de memoria, y cuáles están basados en la lógica.
Decirles también qué deben hacer para sacar adelante la asignatura.
12. Una vez que se introduzca un nuevo concepto, aplicarlo con ejemplos inmediatamente.
Considerar lo que los estudiantes pueden saber.
13. Dar importancia al vocabulario durante el curso.
 Dedicar tiempo a la comprensión del vocabulario técnico, terminología de la asignatura. Si así lo requiere la materia, se puede ir elaborando un diccionario de términos, sinónimos, también en otros idiomas, etc.
14. Ser flexible, fluido, experimentador, con capacidad de adaptación a las circunstancias.
Tener la posibilidad de desviarte del programa si surge alguna actividad diferente de la que los alumnos puedan aprender. Las visitas a empresas son una oportunidad única de aprendizaje.
15. Un buen profesor debe tener un toque de humor.
Interrumpir las clases con anécdotas, analizando por ejemplos errores cometidos por alumnos anteriores, chistes, etc, crea una atmósfera más relajada que favorece el aprendizaje de los alumnos.
16. La motivación aumenta en función de cómo esté organizado el material de estudio.
 17. En la pizarra, importante la organización y la claridad.
A los estudiantes les gusta la estructura. Que sepan dónde estamos escribiendo si se pierden en el momento de tomar apuntes.
18. Que cada clase tenga un comienzo, un desarrollo y un final.
 19. Si se realizan exámenes parciales o algún tipo de evaluación contínua, transmitirle los resultados al alumno lo más rápidamente posible.
Se trata de que el alumno sepa en cada momento cómo va y qué tiene que hacer para mejorar. Transmitir a todos los alumnos copias de los trabajos bien hechos. Ello puede servir de aprendizaje para los demás.
20. Integrar los nuevos conceptos con conocimientos previos de esa o de otras asignaturas.


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